Contenidos 2010. ¿Rumbo a la edición 2.0? (II)
Terminamos el anterior post comentando la plataforma que van a montar las tres grandes (Santillana, Random House, Planeta) pero, desde luego, esta no será la única plataforma de distribución de contenidos digitales.
Otras dos iniciativas se apuntan como serias competidoras. Una de ellas es 36L con su plataforma Leqtor.com. Iniciativa que ya está en marcha y que irá ganando presencia en la medida en que consiga atraer a editores a su proyecto; de momento, parece que ha convencido a dos grandes como Roca y RBA pero el catálogo sigue siendo muy limitado y la ficción está orientada al bestseller histórico o policiaco. Aunque parece que han hecho una apuesta fuerte al ofrecer un dispositivo de lectura por debajo de 200 €, tienen mucho camino que recorrer para demostrar a lectores y editores el potencial que se les presupone.
Una tercera e-distribuidora podría ser la que esta pensando crear Facthor (empresa decana del libro electrónico, madre de Grammata y Papyre). Aunque todavía no tienen decidido si terminarán creando esa e-distribuidora propia y su respectiva estrategia, el creciente trabajo que están realizando de conversión en libro electrónico de fondos editoriales de diversas editoriales, la inversión realizada en I+D y las propias declaraciones de sus directivos, apuntan en esta dirección. Habrá que estar atento a los movimientos procedentes desde Granada para ver si finalmente se plasma esta plataforma de distribución y/o venta, puesto que por experiencia y presencia en medios podría convertirse en un actor importante.
Aunque otras iniciativas de e-distribución han surgido los últimos meses (Edibooks, Amabook, Mi elibro, Todoebook), lo cierto es que el mercado español no puede convivir con más de dos o tres grandes e-distribuidoras y es posible que no pueda convivir ni siquiera con una y media, si nos atenemos a la experiencia norteamericana de Amazon y Barnes & Noble. Sabemos que en el entorno digital no serán necesarias distribuidoras regionales, puesto que eso sería reproducir una mala práctica que se produce en la distribución física (la esperable bajada de precios derivado de la competencia se ve perjudicada por la falta de eficiencia). Es preferible encauzar los contenidos a través de pocos operadores, sobre todo al comienzo. ¿En qué condiciones? En las que sean más favorable para ambas parte, pero sin olvidar que el precio final tiene que resultar lo suficientemente atractivo al lector. Es por eso que el consabido 50% que cobran la mayoría de las plataformas parece un precio un poco fuera de lugar puesto que fuerza a las editoriales a subir los precios para obtener los márgenes deseados. Desde luego, no parece tener mucho sentido que una plataforma electrónica se quede el porcentaje que antes se quedaban las distribuidores-comerciales (entorno al 50%) puesto que el libro electrónico, de cara al lector, no tiene el mismo valor que el físico. Quizás lo más razonable sería que la e-distribuidoras cobraran un canon fijo por libro para permitir a las editoriales fijar un mejor precio . Es de suponer que el cambio se dará cuando las propias editoriales comiencen a comercializar sus libros electrónicos a través de su web pero esto no se materializará mientras el core del negocio esté en las librerías offline.
Lo que parece seguro es que algo va a cambiar dentro del panorama editorial y ante este nuevo horizonte la pregunta lógica que surge es ¿qué están haciendo las editoriales españolas? ¿Están afrontando el reto o están ignorando la encrucijada en el camino? Probablemente habrá de todo pero cuesta ser optimista al respecto dado que ninguna de la editoriales grandes o medianas, parece haber dado un paso al frente para afronta (ya no digamos liderar) el reto. Si bien es cierto, y hay que decirlo, y hay que aceptarlo, el mercado de los libros digitales en este país sigue siendo algo muy marginal con un ROI bajísimo, no es menos cierto que parte de la edición española se ha caracterizado por cierta actitud anticuada frente a lo nuevo y cierta sobre valoración del bien cultural de sus productos en cuanto objetos físicos. En todo caso, como es lógico, la clave sigue estando en saber crear o responder a la demanda del bien que ofrecen, y debido a que son editores y no impresores, el bien que ofrecen es contenido y no continente. Es por eso que no deberían dejar pasar las oportunidades de ampliación y profundización de la red de comunicación, comercialización y venta que el nuevo paradigma digital , en palabras de Jiménez y Gil, ofrece.
No hay duda que los procesos editoriales tradicionales ya no son los más adecuados al nuevo entorno y el rediseño de estos procesos quizás sea el cambio más significativo de este año que entra (quizás más que el propio libro electrónico). Cada editorial tendrá que provocar una pequeña revolución interna para encontrar el mejor proceso de trabajo que su producto requiera. Evaluar, definir, desarrollar, son tareas pendientes en la mayoría de las editoriales españolas así como la actualización de software obsoleto o descontinuado. Lamentablemente este cambio parece llegar un poco tarde, puesto que la segunda mitad del 2009 tendría que haber servido para que se produjera esta transformación editorial, y ahora las editoriales se ven ante la tesitura de contratar demasiados servicios externos para abordar las nuevas oportunidades de mercado (esto se pudo comprobar especialmente el pasado noviembre durante la celebración de la Feria del Libro Digital). En todo caso, aunque parece que nos hemos quedado a la cola de las grandes potencias editoriales, es el momento de apostar por la formación del personal y por los planes a largo plazo puesto que la precipitación y la improvisación podrían ser muy perjudicial de cara al futuro y a la estabilidad de la empresa. Es el momento de analizar con calma (y decisión) los planes de desarrollo e inversión porque la no adaptación al cambio implicará una más que probable desaparición.
En los próximos meses saldremos de las dudas aquí planteadas, también se formularán nuevas preguntas y más actores tomarán posiciones. De lo que no hay duda es de que nos espera un año apasionante para la industria editorial..

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